Marketing político - El candidato y su argumentación

La argumentación de un candidato político
Sin tener que ser un excelente orador, el candidato debe, por lo menos, dominar técnicas dialécticas. Debe saber callar a tiempo, escuchar, revocar los argumentos del adversario. Es necesario para ello cierto dominio de la retórica y la polémica, conocimiento del léxico político, agudeza e ingenio, sagacidad verbal y fluidez.

Deberá contar con una serie de frases hechas, argumentos y razones que le permitan defender contra viento y marea su programa de partido, su ideología y su propia imagen.

Todos estos argumentos y frases hechas revestidas de léxico político deberán ser fácilmente comprendidas por el electorado.

El candidato deberá dar la sensación de estar improvisando a cada momento, aunque esa aparente improvisación sea el fruto de un previo arduo trabajo en equipo.

Es muy conveniente que el candidato conozca el lenguaje popular, los refranes, tópicos y demás mensajes estereotipados que conectan rápidamente con el pueblo. De hecho, se podrían convertir en un arma sumamente mortífera.

Al candidato se le debe entregar, también, un análisis de sus adversarios políticos, con la finalidad de identificar sus puntos débiles, las zonas en que es vulnerable y aquellas en que es muy fuerte. Presentando propuestas sobre el cómo atacar cada uno de estos puntos y cara a cara: chistoso o sereno; con reto o ironía.

Las intervenciones públicas del candidato son obligatorias. El electorado puede no escuchar su discurso, pero sí sentirse junto a él, estar en su entorno. Por esta razón, las apariciones públicas deberán ser numerosas, pues un distanciamiento con el pueblo trae consigo una baja en aceptación.

La planeación de estas apariciones públicas requiere un análisis muy detallado (fecha, lugar, acompañantes, seguridad, preguntas, etc.)

Un aspecto sumamente fundamental son las ruedas de prensa, donde nuestro candidato se presentará con serenidad y destreza, con tolerancia y absoluta seguridad en sí mismo, proporcionando firmeza a sus opiniones políticas y considerando sus palabras, pues hoy puede ser alabado y mañana crucificado por la prensa.

El candidato, por último, deberá establecer contactos y comunicación con partidos extranjeros y personalidades públicamente reconocidas o que pueden, en cualquier momento, ser de mucha ayuda tanto para el partido como para las funciones del candidato mismo.